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Eltono (París, Francia, 1975) Tras varios años trabajando en Beijing, y habiendo realizado exposiciones individuales en instituciones como el Instituto Cervantes de París, el museo Artium de Vitoria, participando en exposiciones colectivas en Sommerset house o Tate modern de Londres, y creando más de 50 intervenciones en el espacio público en los últimos dos años, el artista vuelve a Sevilla a realizar la que será su segunda exposición individual en la capital Andaluza.

Available artwork / Obra disponible

Eltono “Aléas”
8-10-2015 / 12-1-2016
Opening / Inauguración / Vernissage
8 October / 8 Octubre 2015 / 21:00 – 9:00 pm.
Press kit
Nota de prensa

El trabajo de Eltono se distingue por su criterio constructivo y su sensibilidad en la localización. Improvisa insitu formas y colores para integrarse en el equilibrio existente. Escoge casi siempre superficies desatendidas con la intención de reanimar su dignidad y para aprovechar la carga formal de las texturas envejecidas. Tales soportes son a menudo poco visibles, lo que añade privacidad al encuentro fortuito con la obra. Renunciando a la visibilidad sacrifica un buen número de encuentros del espectador con su obra pero incrementa a cambio la capacidad de penetración de cada uno de ellos.

 

Eltono Post graffiti
Intervención de Eltono en Perigord / Eltono intervention At Perigord. 2014

El artista entiende su entrada en el sistema del arte como una oportunidad para conectarlo con la calle y crear una relación que enriquezca a ambas partes.
En casi todos sus trabajos para galerías y eventos artísticos en espacios privados ha tenido como prioridad tender algún tipo de puente entre el interior y el exterior. Su modus operandi es prácticamente científico: Imagina un protocolo, decide unas reglas, las ejecuta y observa los resultados.
En “Aléas” el artista dejará una parte del proceso creativo fuera de su control, dejando así de ser dueño de su obra y de controlar su evolución en el tiempo, en oposición a la pintura de estudio.

Eltono Artist
ELTONO, Rufo, Paris 2015.

 

Mural Eltono
ELTONO, Milestone Festival, Girona 2015.

 

*English Text

French artist Eltono (París, France, 1975) worked in Madrid for the last decade, then in Beijing for four years and now lives in southern France. Flâneur, stubborn walker and chronic observer, for years Eltono has used public space as support, studio and inspiration source. His sensitivity to what is happening around him and his knowledge of the nature of the street – its whims and its unpredictability – are his main tools when generating works.
He has worked in the street of more than ninety cities and has shown his works in many world-renowned galleries and museums, including the Tate Modern, the Somerset House, Fundacion Miro and Artium Museum, and now the artist returns to Seville to do his second solo exhibition at the Andalusian capital.Over the last twelve years, the development of Eltono’s work in galleries has focused on finding solutions to address the problems of showing public art in private indoor spaces.

The artist understands his entry into the art world as an opportunity to connect with the street and create a relationship that enriches both sides.In almost all his work for galleries and in private spaces it has been a priority for him to build some kind of bridge between the interior and exterior. His modus operandi is virtually scientific: Imagine a protocol, decide the rules, execute them and observe the results.
In “Aléas”, as an opposition to studio painting, the artist will leave some part of the creative process beyond his control, putting aside ownership of his work and the ability to monitor its progress over time.

 

Eltono abstract artist
ELTONO, Leuven, Bélgica 2015.

 

Eltono working on streets Eltono Paris interventionPurchase eltono artworks
ELTONO, Incontrolables, Instituto Cervantes, Paris 2015.


Eltono commisioned mural
ELTONO, French Embassy, Cambodia 2015.

 

Eltono China
ELTONO, Intervention in China. 2013.

 

Eltono Canvas
ELTONO, Acrylic on Canvas, ICV Paris 2015.

 

Mural Eltono artistaÇ
ELTONO, Mural, Madrid 2015.

 

Eltono intervention

Eltono Paris Streets
ELTONO, Incontrolables, Paris 2015.

 

Eltono: Debajo de la playa
Por Guillermo López Gallego, Diplomático & Escritor.

Paso largos periodos fuera de Madrid. La última vez que volví, sentí una penetrante melancolía ante las piezas plateadas de la M-30, las puertas cubiertas de tags y las letras redondeadas. Sentí como dolor lo que ya sabía: el graffiti es una conversación en cada ciudad, y yo me estaba perdiendo la de la mía.
Como una marca con ínfulas, he visto piezas en Abijan, Berlín, Bogotá, Bruselas, Buenos Aires, Conakry, Freetown, Hamburgo, Monrovia, Nueva York, Panamá, París, Portland, San Petersburgo, Santander, Seattle, Sevilla, Riga, Tallin, Vilna, Zaragoza… Pero no he seguido esas conversaciones.
Y eso es lo primero que me viene a la cabeza al pensar en la obra de Eltono.

 

*

 

Parece que hay dos maneras de escribir sobre Eltono y su obra.
Hay quien opta por el enfoque histórico. Este se puede encontrar en otros sitios, y de la mano del propio Eltono en la publicación Line & Surface. Es sabido: Otone, GAP (crew a la que Eltono todavía mencionó en 2009), los trenes parisinos; cómo llegó a Madrid en 1999 y cómo reaccionó a la saturación del centro, es decir, la aparición de Eltono, la adopción de un icono que ha ido refinándose, una estética minimalista, limpia, sencilla, y una técnica depurada y sin aerosol.
Luego están los relatos sobre la experiencia de conocer la obra de Eltono en las calles de Madrid. Entiendo el aire de epifanía que tienen aquellos, porque recuerdo pasar el verano de 2001 buscando a Eltono en las rejas de Lavapiés. Me acuerdo de una pieza en los cuarteles de Daoíz y Velarde en 2006, la primera que vi con tres colores; otra envejecida al final de Cuatro Caminos, en 2009. Hace dos años, descubrí una obra antigua en la calle Infantas, cerca de Colmenares, que reaparece periódicamente bajo los carteles que anuncian conciertos y fiestas.
He podido apreciar, como muchos otros, la importancia que el contexto tiene en la obra de Eltono, su forma de señalar texturas en la ciudad y de ennoblecer y recuperar espacios. Y no creo que se pueda acusar a Eltono de contribuir a la gentrificación de los lugares donde trabaja; conociendo su respetuosa reivindicación de la artesanía y la forma en que trabaja con las comunidades, seguro que ha pensado en ello para evitarlo.
He observado también, siguiendo su trabajo en museos y galerías, la inteligencia con la que ha sabido llevar a esos contextos la esencia del trabajo de calle. Cualquiera que haya visto las obras de taller de Blade sabe que la transición de la calle al circuito comercial no es fácil.
Eltono (y aquí empieza mi intento de ir más allá de las dos maneras de escribir que acabo de mencionar) ha sabido inducir los principios generales del trabajo de calle y trasladarlos al taller. Ha sabido encontrar, creo, dos claves del graffiti que le permiten crear arte urbano fuera de la calle. Quizá porque Eltono es francés, siempre las imagino en términos franceses.
En primer lugar, ha extraído y refinado la idea de contrainte, de restricción, propia del Oulipo. La obra de taller de Blade, como la de Seen y Lee y otras leyendas del graffiti, tiene algo kitsch, porque se limita a usar los aerosoles sobre el lienzo en vez del vagón, y no sabe incorporar la forma en que la calle determina el graffiti, el peso de tener el tiempo contado, la interacción con el público y la intemperie: su pintura no es obra sino reproducción.
Eltono, en cambio, ha identificado algunos elementos del graffiti que le permiten crear en el taller obras de calle: la aleatoriedad y la intervención acelerada del paso del tiempo, por ejemplo. Y lo hace, como él mismo dice, de manera casi científica: «imagino un protocolo, decido unas reglas, las ejecuto y observo los resultados». Es decir, a la manera de Pérec y Queneau.
En segundo lugar, Eltono ha exhumado la raíz situacionista del graffiti. No hablo de las banales pintadas inspiradas en la obra de Debord y Vaneigem, desde mayo del 68 hasta hoy. Me refiero a la deriva, el enfoque situacionista, de nuevo casi científico, del paseo, y el uso que de él hace Eltono, por ejemplo, en obras desarrolladas en Vitoria y Pekín.
(Y al détournement, también situacionista: la subversión de la publicidad de cerrajeros y pintores de brocha gorda, que también habla de su conocimiento de la ciudad.)
Es posible que haya contradicción en someter la artesanía situacionista del paseo al rigor de la contrainte del Oulipo. Pero Eltono parece resolver ese problema por la vía de la inmanencia, como podría decir François Julien: contrainte y deriva no se aniquilan, sino que crean.

 

*

 

Oulipo y situacionismo. Recuerdo también que Javier Abarca, cuyos estudios de la obra de Eltono son brillantes, habla de Daniel Buren y Space Invader (también franceses) en algunos de ellos. Quizá Eltono es más francés de lo que nos gusta pensar. Pero es parte de nuestra conversación.

English Text

Eltono: Under The Beach
Por Guillermo López Gallego, Diplomat & Writer.

I spend long periods of time away from Madrid. The last time I came back, I felt intensely saddened when I saw all the silver spray paint along the M-30, all the bubbly letters and the doors covered in tags. It pained me to confirm what I already knew—graffiti is a conversation that takes place within each city, and the conversation in my own city had gone on without me.

Like some pretentious brand name flaunting its list of flagship locations, I’ve seen stuff in Abidjan, Berlin, Bogotá, Brussels, Buenos Aires, Conakry, Freetown, Hamburg, Monrovia, New York, Panama City, Paris, Portland, Riga, Saint Petersburg, Santander, Seattle, Seville, Tallinn, Vilnius, Zaragoza . . . But I’ve never followed those conversations.

           And that’s the first thing that comes to mind when I think about the work of Eltono.

*

There seem to be two ways people write about Eltono and his work.

There are those who go the chronological route. Such synopses can be found elsewhere, including from the pen of Eltono himself, in Line & Surface. It’s a well-known story: Otone, GAP (a crew Eltono was still giving shout-outs to as late as 2009), and the Paris trains, how he came to Madrid in 1999 and how he reacted to the oversaturation of the city center by graffiti—in short, the advent of Eltono, his adoption of an icon, one we’ve seen grow increasingly refined over time thanks to a simpler, cleaner, more minimalistic aesthetic and a more stripped-down technique that’s left the spray paint behind.

Then there are the personal accounts of stumbling across Eltono’s work while out and about in Madrid. I can identify with their sense of epiphany, because I remember spending the summer of 2001 with my eyes constantly peeled, on the lookout for anything Eltono on the metal door shutters in Lavapiés. I remember one piece at the old Daoíz y Velarde HQ compound in 2006, the first one I ever saw done in three colors, and another, more weatherworn one at the end of Cuatro Caminos, in 2009. Then two years ago, I discovered an older piece on Infantas, near Colmenares, a design that still crops up periodically underneath posters for concerts and block parties.

I, like many others, have come to understand how important context is to Eltono’s work, the way he draws attention to the different textures that can be found in the city and the way he enriches and reappropriates public spaces. And it is my belief that Eltono cannot be accused of contributing to the gentrification of the places he chooses to work; considering his respectful reassertion of the value of craftsmanship and his practice of working alongside communities, he’s no doubt kept the danger on his radar specifically in order to avoid it.

By following his work in museums and galleries, I have also observed the deftness with which he has managed to maintain the essence of his street work in these new contexts. Anyone who’s seen the pieces coming out of Blade’s workshop knows that making the transition from the street to the commercial circuit is no easy thing.

Eltono (and here begins my attempt to go beyond the two more common genres of remarks I mentioned before) has succeeded in picking out the general principles behind street work and translating them to the workshop. He has managed, in my opinion, to identify two key elements of graffiti, and these have allowed him to create street art off the streets. Perhaps because Eltono is French, I always conceive of them in French terms.

In the first place, he’s borrowed and then distilled the Oulipian idea of contrainte, or constraints. The pieces from Blade’s workshop, or the workshops of Seen or Lee or any number of graffiti legends, are somewhat kitschy, because all they’re doing is using spray paint on canvas instead of on the side of a train, and they reflect none of the restrictions that the street forces on graffiti—determining factors such as limited time, public interaction, or the effects of weather. These paintings are not original works, they’re reproductions.

Eltono, in contrast, has transposed certain facets of graffiti for use in the workshop—unpredictability and an accelerated impact of the passage of time, for instance. And he does this, as he himself explains, with almost scientific rigor—“I imagine a protocol, I settle on a set of rules, then I execute them and observe the results.” In other words, à la Perec or Queneau.

Secondly, Eltono has resurrected the situationist  heart of graffiti. I’m not referring here to the banal scrawlings inspired by the likes of Debord and Vaneigem that have been around since May of ’68 and can still be found today. No, I’m talking about dérive, or wandering, the situationist (and likewise quasi-scientific) notion of an unplanned, open-ended walk or journey, and the use that Eltono has made of it for works of his done in Vitoria and Beijing, for example. (And also the practice of détournement, another situationist trope, seen in his subversion of advertising stickers for locksmith and house painting services, a gag that speaks to his knowledge of and familiarity with the city.)

There may be some inherent contradiction in submitting the situationist craft of dérive to the rigidity of Oulipian contrainte. But Eltono seems to have resolved this problem by refuting the notion of mutual exclusivity; as François Julien might say, contrainte and dérive do not nullify one another, they combine to create something new.

*

Oulipo and situationism. I recall, too, that Javier Abarca mentions Daniel Buren and Space Invader—both of whom are also French—in some of his brilliant studies of Eltono and his work. Perhaps Eltono is actually more French that we like to admit. But he’s part of our conversation.

Texte Français

ELTONO : Ce qu’il y a sous la plage
Un texte de Guillermo López Gallego, Diplomate & Writer.

Je passe de longues périodes hors de Madrid. La dernière fois que j’y suis revenu, j’ai senti une pénétrante mélancolie en voyant les graffs en chrome de la M30 (le périphérique de Madrid – NDT), les portes recouvertes de tags, les lettres arrondies. J’ai senti une douleur que je connaissait déjà : dans chaque ville, le graffiti est une conversation et j’étais en train de perdre celle de ma propre ville.

Comme une marque de prétention, j’ai vu des pièces à Abidjan, Berlin, Bogota, Bruxelles, Buenos Aires, Zaragoza, Conakry, Freetown, Hambourg, Monrovia, New York, Paris, Panama, Portland, Santander, Saint-Pétersbourg, Seattle, Séville, Tallinn, Riga, Vilna… Mais je n’ai pas suivi ces conversations.

Et ceci est la première chose qui me vient à l’esprit quand je pense au travail d’Eltono.

*

Il semble qu’il existe deux façons d’écrire sur Eltono et son travail. Certains optent pour une approche historique. Ce qui peut déjà se trouver ailleurs, de la main propre d’Eltono dans son livre  Line & Surface. On le sait déjà : Otone, GAP (crew qu’Eltono mentionnait encore en 2009), les trains parisiens ; comment il est arrivé à Madrid en 1999 et comment il réagit à la saturation du centre-ville, c’est à dire, l’apparition d’Eltono, l’adoption d’une icône qui s’est affinée en adoptant une esthétique minimaliste, propre, simple et une technique dépurée sans aérosol.

Ensuite, il y a les histoires sur l’expérience d’avoir connu le travail d’Eltono dans les rues de Madrid. Je comprends l’air d’épiphanie qu’on ces histoires car je me rappelle avoir passé l’été 2001 à la recherche d’Eltono sur les portes et grilles du quartier de Lavapies. Je me rappelle une peinture sur la caserne de Daoiz y Velarde en 2006, la première que j’ai vu en trois couleurs ; une autre vieillie a la fin de Cuatro Caminos en 2009. Il y a deux ans, j’ai découvert une ancienne pièce dans la rue Infantas, près de Colmenares, qui réapparaît périodiquement de sous les affiches annonçant fêtes et concerts.

J’ai pu apprécier, comme bien d’autres personnes, l’importance que joue le contexte dans l’œuvre d’Eltono, sa façon de souligner les textures de la ville et de magnifier et récupérer des espaces. Je ne crois pas que l’on puisse accuser Eltono de contribuer à la gentrification des endroits où il travaille ; connaissant sa respectueuse revendication de l’artisanat et la façon dont il travaille avec les communautés, je suis certain qu’il s’est déjà penché sur le problème.

J’ai aussi observé, en suivant son travail en musées et galeries, l’intelligence avec laquelle il a su transporter à ces contextes particuliers l’essence du travail de rue. Toute personne ayant vu les œuvres d’atelier de Blade sait que la transition de la rue au circuit commercial n’est pas chose facile.

Eltono (et ici commence ma tentative d’aller plus loin que les deux façons d’écrire que je viens de mentionner) a su induire les principes généraux du travail de rue et les transférer à l’atelier. Il a su trouver, je crois, deux éléments clef du graffiti qui lui permettent de créer de l’art urbain en dehors de la rue. Peut être parce qu’Eltono est français, je me les imagine toujours en des termes français.

En premier lieu, il a extrait et affiné l’idée de contrainte, de restriction propre de l’Oulipo. L’œuvre d’atelier de Blade, comme celle de Seen et Lee et autres légendes du graffiti, a quelque chose de kitsch car elle se limite à utiliser les bombes de peintures sur une toile au lieu d’un wagon et ne sait pas incorporer la façon dont la rue détermine le graffiti, le poids du temps qui est compté, l’interaction avec le public et les intempéries : sa peinture n’est pas œuvre mais reproduction.

En revanche, Eltono a identifié certains éléments du graffiti qui lui permettent de créer  en atelier des œuvres de rue : l’aléatoire et l’intervention accélérée du passage du temps, par exemple. Et il le fait, comme il le décrit lui même, de manière quasi scientifique : « j’imagine un protocole, je décide les règles, je les exécute et j’observe les résultats ». C’est à dire, à la manière de Pérec et Queneau.

En deuxième lieu, Eltono a approfondi la racine situationniste du graffiti. Je ne parle pas des banales peintures inspirées des œuvres de Debord et Vaneugem depuis mai 68 jusqu’à aujourd’hui. Je parle de l’approche situationniste, de nouveau quasi scientifique, de la marche à pied et de son usage qu’en fait Eltono, par exemple, pour les travaux développés à Vitoria et Pékin.

(et au détournement, aussi situationniste : la subversion de la publicité de serruriers et peintres en bâtiment, qui parle aussi de sa connaissance de la rue.)

Il est possible qu’il y ai contradiction en soumettant l’artisanat de la flânerie situationniste à la rigueur de la contrainte de l’Oulipo. Mais Eltono résout ce problème par le biais de l’immanence, comme pourrai le dire François Jullien : contrainte et dérive ne s’anéantissent pas mais créent.

*

Oulipo et situationnisme. Je me rappelle aussi que Javier Abarca, dont les écris sur l’œuvre d’Eltono sont brillants, parle de Daniel Buren et Space Invader dans certains d’eux. Peut être qu’Eltono est plus français que ce que nous aimerions penser. Mais il fait partie de nos conversations.

 

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